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Valoración de existencias: FIFO o coste medio
Publicado el 2026-09-11
Compras el mismo producto tres veces a tres precios distintos. Vendes una unidad. ¿Cuánto te costó esa unidad? La respuesta no es única, y de ella salen tu margen y tu resultado del ejercicio.
El problema, en tres líneas
- Enero: 100 unidades a 2,00 €
- Marzo: 100 unidades a 2,40 €
- Mayo: 100 unidades a 2,80 €
Vendes 150 unidades. ¿Cuál es el coste de esas 150? Depende del criterio, y las dos respuestas posibles son correctas —lo que no vale es cambiar de criterio según convenga—.
FIFO: primero lo que entró primero
Sale primero lo que compraste antes. Las 150 unidades vendidas salen de las 100 de enero (2,00 €) y 50 de marzo (2,40 €):
- Coste de ventas: (100 × 2,00) + (50 × 2,40) = 320 €
- Quedan 150 unidades valoradas a las compras más recientes: 50 de marzo y 100 de mayo = 400 €
Consecuencia con precios al alza: el coste de ventas sale más bajo —usa los precios viejos— y el inventario que queda, más alto. Es decir, más beneficio en el ejercicio y un balance con existencias valoradas a precio casi actual.
Coste medio ponderado: todo se mezcla
Cada compra recalcula el coste medio de lo que tienes. Tras las tres compras: 300 unidades por 720 € = 2,40 € de media.
- Coste de ventas: 150 × 2,40 = 360 €
- Quedan 150 unidades a 2,40 € = 360 €
Consecuencia: suaviza los saltos de precio. Ni el coste de ventas ni el inventario se van a los extremos, y el margen mes a mes es más estable.
Los mismos datos, dos resultados
| FIFO | Coste medio | |
|---|---|---|
| Coste de ventas | 320 € | 360 € |
| Existencias finales | 400 € | 360 € |
| Diferencia en resultado | +40 € | — |
Cuarenta euros sobre una compra de 720 €. Extrapólalo a un año de un negocio real y verás por qué esta decisión no es contable-teórica: cambia el impuesto que pagas y el margen que crees tener.
Con precios a la baja el efecto se invierte: FIFO da coste de ventas más alto y menos beneficio.
Cuál elegir
Coste medio ponderado encaja en la mayoría de negocios: producto homogéneo donde una unidad es indistinguible de otra —material, componentes, consumibles, la mayor parte del comercio—. Es más simple de llevar y no exige rastrear de qué compra salió cada unidad.
FIFO encaja cuando el producto caduca o se queda obsoleto: alimentación, cosmética, farmacia, electrónica. Ahí el criterio contable coincide con lo que haces físicamente en el almacén —sacar primero lo más antiguo—, y eso vale mucho: el sistema refleja la realidad en vez de contradecirla.
Dos reglas que pesan más que la preferencia:
- Uniformidad. El criterio se mantiene ejercicio tras ejercicio. Cambiarlo porque un año conviene el otro número no es una opción contable: es un cambio que hay que justificar.
- El mismo criterio para todo el grupo homogéneo. No se elige producto a producto según convenga.
El límite que manda sobre los dos
Con cualquiera de los dos criterios: si el valor de mercado de una existencia cae por debajo de su coste, hay que corregir el valor a la baja. Las existencias nunca pueden figurar por encima de lo que se puede obtener por ellas.
Es la parte que se olvida y la que más disgustos da en un cierre: un almacén lleno de producto obsoleto valorado a precio de compra es un activo inflado.
Qué hace Zeva
Zeva valora por coste medio ponderado, y la fórmula está donde se puede auditar:
nuevo coste = (stock anterior × coste actual + cantidad entrante × coste de la entrada) / stock total
Dos detalles del diseño que responden a las dudas habituales:
Solo recalculan las entradas con coste conocido —las compras—. Las ventas, mermas y ajustes reducen cantidad y no cambian el coste de lo que queda, que es lo correcto: vender no altera lo que te costó lo que sigue en la estantería. Es contraintuitivo la primera vez y es la definición del criterio.
El redondeo es a céntimo entero, el mismo que usan facturas y gastos en todo el sistema. Un céntimo de deriva por movimiento, multiplicado por miles de movimientos, es un descuadre que después nadie sabe de dónde salió.
Y para lo que necesita FIFO de verdad —lo que caduca—, está la trazabilidad por lotes: cada lote con su fecha, para sacar primero el que toca aunque la valoración sea por media.
Cómo montar el inventario del que sale todo esto está en inventario inicial; cuándo reponer, en stock mínimo y punto de pedido; y lo que cubre el módulo, en inventario y almacén.
Por qué esto no es solo cosa del asesor
Tres decisiones del día a día dependen de tener bien el coste, y ninguna es contable:
El precio de venta. Si crees que un producto te cuesta 2,00 € cuando te cuesta 2,40 €, el margen que calculas es un 20 % más alto que el real. Con precios de compra subiendo, es la forma más común de vender con pérdida sin enterarse.
Qué producto empujar. Los productos que parecen más rentables con un coste mal calculado se llevan el escaparate y el esfuerzo comercial. Y a veces son justo los peores.
Cuánto vale tu empresa. Las existencias son activo. Un inventario valorado al alza infla el balance que enseñas al banco o a un comprador, y ese número lo van a revisar.
Lo que cambia con la inflación
Cuando los precios de compra suben de forma sostenida, la diferencia entre criterios deja de ser un matiz:
- FIFO da beneficios más altos —usa costes viejos, más baratos— y más impuesto a pagar. El inventario final refleja precios actuales, que es más informativo en el balance.
- Coste medio amortigua: el coste de ventas se acerca antes al precio real de reposición.
Hay un efecto que sorprende a quien lo ve por primera vez: con FIFO en inflación, parte del "beneficio" no es beneficio, es el encarecimiento del stock. Vendes a precio de hoy contra coste de hace tres meses, tributas por esa diferencia, y luego tienes que reponer a precio de hoy. El dinero se ha ido en reponer, pero el impuesto ya está pagado.
No es un argumento para elegir criterio —la uniformidad manda—, pero sí para entender por qué un año «bueno» puede venir con la caja más justa de lo que dice la cuenta de resultados.
Errores que se repiten
- Cambiar de criterio entre ejercicios porque un año conviene el otro número.
- Valorar a precio de venta. Las existencias van a coste.
- No corregir a la baja lo obsoleto o dañado.
- Mezclar criterios dentro del mismo grupo de productos.
- Creer que el criterio da igual porque «al final se compensa». Se compensa a largo plazo; el impuesto lo pagas cada año.
Antes del cierre
- ¿Sigues aplicando el mismo criterio que el ejercicio pasado?
- ¿Hay existencias que hoy valen menos de lo que costaron?
- ¿Lo caducado y lo obsoleto está identificado y corregido?
- ¿Podrías explicar a tu asesor de dónde sale el coste de cada producto?
Esa última es la prueba real. Si el coste de un producto no se puede explicar, el margen que calculas encima tampoco.
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