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Stock mínimo y punto de pedido
Publicado el 2026-09-10
Quedarse sin stock cuesta una venta. Tener de más cuesta dinero parado en una estantería. El punto de pedido es el cálculo que decide entre las dos cosas, y no necesita más que dos datos que ya tienes.
Stock mínimo y punto de pedido no son lo mismo
Se usan como sinónimos y son dos cifras distintas:
El stock de seguridad (o mínimo) es el colchón: lo que guardas para absorber que el proveedor se retrase o que una semana se venda más de lo normal. No se toca salvo imprevisto.
El punto de pedido es el nivel al que disparas la compra. Es más alto que el mínimo, porque incluye lo que vas a vender mientras el pedido está en camino.
Confundirlos tiene una consecuencia concreta: si pides cuando llegas al mínimo, te quedas sin stock durante todo el plazo de entrega. El mínimo es dónde no quieres llegar; el punto de pedido es dónde actúas.
El cálculo, con números
Punto de pedido = (consumo diario × plazo de entrega en días) + stock de seguridad
Con un ejemplo: vendes 20 unidades al día, tu proveedor tarda 5 días y quieres un colchón de 3 días (60 unidades).
- Consumo durante el plazo: 20 × 5 = 100 unidades
- Stock de seguridad: 60 unidades
- Punto de pedido: 160 unidades
Cuando bajes de 160, pides. Cuando llegue el pedido cinco días después, deberías estar cerca de 60 —tu colchón intacto—.
El plazo de entrega es el real, no el prometido. Si el proveedor dice cinco días y de cada tres pedidos uno llega en ocho, tu plazo es ocho. Míralo en tus propios albaranes antes de fiarte del catálogo.
Cuánto colchón, sin fórmulas de manual
El stock de seguridad depende de dos cosas: cuánto varía tu demanda y cuánto falla tu proveedor. Un producto de venta estable con proveedor puntual casi no necesita colchón; uno estacional con proveedor irregular necesita bastante.
Y hay una tercera variable que los manuales olvidan: cuánto duele la rotura. No es lo mismo quedarse sin el producto estrella —que se lleva la venta a la competencia— que sin una referencia marginal que el cliente espera sin problema. Poner el mismo colchón a los dos es repartir mal el dinero.
Regla práctica para empezar: cubre entre el 20 % y el 50 % del plazo de entrega en los productos importantes, y ajústalo con lo que pase los tres meses siguientes.
El otro extremo: el sobrestock
Se vigila mucho la rotura y casi nadie el exceso, que cuesta igual pero sin que se note:
- Dinero parado que no puedes usar para otra cosa.
- Espacio ocupado por lo que no rota.
- Riesgo de obsolescencia y caducidad, que acaba en merma.
- Y el peor: esconde el problema real, que suele ser una previsión de ventas equivocada.
Un almacén lleno no es un almacén sano. Es un balance con el activo inflado y la caja vacía.
Qué hace Zeva
Cada producto puede llevar su propio umbral de stock mínimo, y también un máximo. Los dos son opcionales a propósito: sin configurar, no generan ninguna alerta. Es deliberado — un sistema que avisa de todo acaba ignorándose, y con él la alerta que sí importaba.
Sobre esos umbrales, tres cosas:
El listado de productos bajo mínimo, para saber en cualquier momento qué hay que reponer sin recorrer el almacén.
La alerta de sobrestock, simétrica: salta cuando el stock supera el máximo que fijaste. Es la mitad que casi ningún sistema vigila, y es dinero parado.
Y el paso que ahorra el trabajo de verdad: de la alerta al pedido de compra. Cada producto puede tener un proveedor habitual, y desde la alerta de stock bajo mínimo —o desde la propia ficha— se genera el pedido de compra de reposición con ese proveedor. Si no hay proveedor habitual configurado, el sistema exige indicar uno: no inventa a quién comprarle.
Esa es la diferencia entre un aviso y una herramienta. Un aviso te dice que estás bajo mínimos; lo que quieres es el pedido hecho.
Cómo montar el inventario del que salen estas cifras está en inventario inicial; lo que cubre el módulo, en inventario y almacén; y si tu producto caduca, la capa que cambia el cálculo —porque ahí lo viejo no solo se vende antes, se pierde—, en trazabilidad por lote y caducidades.
No todos los productos merecen el mismo esfuerzo
Aplicar el cálculo a las mil referencias del catálogo es perder el tiempo. Lo que funciona es partir el catálogo en tres:
Los pocos que se llevan la mayor parte de tu facturación. Aquí sí: punto de pedido calculado, plazo real medido, revisión frecuente. Una rotura duele de verdad.
Los intermedios. Punto de pedido aproximado y revisión trimestral. Suficiente.
La cola larga, muchas referencias con poca venta cada una. Aquí el cálculo fino no compensa: pide cuando bajes de un umbral sencillo y no le des más vueltas.
La regla práctica: el esfuerzo de gestión va donde está el dinero, no repartido a partes iguales entre referencias.
El caso estacional, que rompe la fórmula
El cálculo del punto de pedido asume consumo estable. Si vendes turrón, hielo o material escolar, esa asunción es falsa justo cuando importa.
Para lo estacional, dos ajustes:
- Calcula el consumo diario de la temporada, no la media anual. Un producto que vende 500 unidades en noviembre y 20 el resto del año tiene un consumo diario de temporada quince veces mayor que su media.
- Adelanta la primera compra al inicio de la temporada, porque el punto de pedido llegará cuando ya vayas tarde: el consumo se dispara más rápido de lo que el proveedor puede servir.
Y al terminar la temporada, el problema se invierte: lo que sobra es sobrestock del que nadie avisa hasta el año siguiente.
Errores que se repiten
- Usar el plazo de entrega prometido, no el real de tus albaranes.
- Pedir al llegar al mínimo. Te quedas sin stock todo el plazo de entrega.
- El mismo colchón para todos los productos, cueste lo que cueste la rotura.
- No revisar los umbrales nunca. Un mínimo puesto hace dos años describe un negocio que ya no tienes.
- Vigilar solo la rotura. El sobrestock cuesta igual y no avisa.
- Configurar alertas en todo. Acaban ignorándose todas.
Cada trimestre, cuatro preguntas
- ¿Qué productos te dejaron sin servir un pedido? Su punto de pedido está bajo.
- ¿Qué llevas más de seis meses sin mover? Ahí está tu dinero parado.
- ¿Ha cambiado el plazo real de algún proveedor?
- ¿Has vuelto a mirar los umbrales desde que los pusiste?
Media hora al trimestre con esas cuatro preguntas ajusta mejor el inventario que cualquier fórmula aplicada una vez y olvidada.
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