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Proveedores: condiciones y plazos

Publicado el 2026-09-24

Las condiciones de pago deciden si tu negocio tiene caja o solo tiene beneficios. Y casi nunca se negocian: se heredan de la primera factura y ahí se quedan años.

El límite legal, que mucha gente desconoce

Entre empresas, el plazo de pago no es libre. La normativa española de morosidad fija un máximo de 60 días naturales desde la entrega de la mercancía o la prestación del servicio.

Dos consecuencias que sorprenden:

Y hay un plazo más corto que se olvida: los productos frescos y perecederos tienen su propio límite, muy inferior.

Esto aplica en las dos direcciones: es el máximo que puedes imponer a tus clientes y el máximo que te pueden imponer a ti.

Lo que de verdad hay que negociar

El plazo es lo primero que se mira y no siempre lo que más vale:

El plazo. Cada día que tardas en pagar es un día de financiación gratis. Pasar de 30 a 60 días en tu compra principal puede cambiar tu tesorería más que cualquier crédito.

El descuento por pronto pago. Un 2 % por pagar a 10 días en vez de a 60 es, en términos anuales, una rentabilidad muy alta. Si tienes caja, muchas veces conviene aceptarlo.

El día de pago. Concentrar todos los pagos en dos fechas fijas del mes ordena la tesorería y reduce el trabajo administrativo. La mayoría de proveedores lo aceptan sin discutir.

El escalado por volumen. No siempre en precio: a veces es mejor conseguirlo en plazo, en portes o en stock reservado.

Quién paga el transporte. Se olvida al negociar y aparece en cada factura.

El equilibrio que hay que vigilar

La cuenta que decide si el crecimiento te ahoga:

Días que tardas en cobrar de tus clientes
− Días que tardas en pagar a proveedores
= Días que financias tú

Si cobras a 60 y pagas a 30, estás financiando 30 días de tu actividad. Cuanto más creces, más dinero necesitas — y esa es la razón por la que negocios rentables se quedan sin caja.

Darle la vuelta no siempre exige negociar con el proveedor: a veces es más fácil cobrar antes de tus clientes que pagar más tarde a los tuyos.

Qué hace Zeva

Las condiciones de pago son una entidad propia y reutilizable, no un campo suelto que se teclea en cada documento: se definen una vez —«60 días», «50 % al pedido y 50 % a 30 días»— y se eligen al crear la factura.

Y lo que las hace útiles: al emitir, generan solos los vencimientos correspondientes. No hay que teclear las fechas de cobro una por una en cada factura, que es exactamente donde aparecen los errores y los olvidos.

Los plazos admiten fraccionamiento a medida: una condición es una lista ordenada de plazos con su porcentaje —30 % a 15 días, 70 % a 60—, así que un pago escalonado no obliga a llevar la cuenta aparte.

Un detalle de diseño que se agradece con el tiempo: archivar o borrar una condición no rompe las facturas que ya la usaron. Los documentos emitidos conservan sus vencimientos; cambiar tu política de mañana no reescribe lo pactado ayer.

Qué datos necesita la ficha de cada proveedor está en ficha de cliente: qué datos necesitas; cómo llega la mercancía que genera esos pagos, en pedidos de compra y recepciones; y lo que cubre el módulo, en clientes y proveedores.

Tener las condiciones escritas por proveedor

Suena burocrático y ahorra discusiones constantes. Por cada proveedor con el que trabajes de forma habitual, cuatro datos:

Con eso escrito, cuando llegue una factura con condiciones distintas lo verás en el momento, no tres meses después al cuadrar. Y cuando cambie la persona que gestiona compras, las condiciones no se van con ella.

Cuando el que se retrasa eres tú

Pagar tarde tiene consecuencias que van más allá de la relación comercial:

Intereses de demora automáticos. No hace falta que el proveedor los reclame ni que estén en el contrato: se devengan por ley desde el día siguiente al vencimiento, a un tipo bastante superior al de mercado. Que casi nadie los reclame no significa que no existan.

Una indemnización fija por los costes de cobro, que también procede por ley y se suma a los intereses.

Y el coste real, que es otro: el proveedor al que pagas tarde deja de darte prioridad cuando hay escasez, deja de avisarte de subidas y deja de hacerte favores. Eso no aparece en ninguna factura y se nota el día que necesitas algo con urgencia.

Si vas a pagar tarde, la diferencia entre un problema y una crisis es avisar antes. Un proveedor al que llamas para decirle que pagarás el 20 en vez del 10 sigue trabajando contigo. Uno que descubre el impago cuando revisa su banco, no.

Revisar las condiciones una vez al año

Las condiciones se heredan y se fosilizan. Una revisión anual con tus tres o cuatro proveedores principales, con los números delante:

  1. Cuánto le has comprado el último año. Es tu argumento.
  2. Cuánto ha subido sus precios en ese periodo, y si te avisó.
  3. Qué te ofrece la competencia, aunque no pienses cambiarte.
  4. Qué pedirías si pudieras pedir una sola cosa: plazo, precio, portes o stock reservado.

Ese cuarto punto es el que hace que la conversación avance. Pedir tres cosas a la vez suele acabar en ninguna; pedir la que de verdad importa, con volumen detrás, suele conseguirse.

Errores que se repiten

Este mes, cuatro cuentas

La segunda es la importante. Un negocio que crece con el desfase en contra necesita más dinero cada mes, y eso se descubre tarde — normalmente el mes que no llega.

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