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Divisas y tipo de cambio en la factura
Publicado el 2026-10-24
Facturar en otra moneda es perfectamente legal y bastante habitual en cuanto tienes un cliente fuera. Lo que no es opcional es que la factura se declare en euros. Esas dos frases conviven, y ahí es donde se lía todo.
Dos importes, una sola verdad fiscal
Una factura en dólares tiene, en realidad, dos capas:
- La que ve el cliente: importes en su moneda, para que le cuadre con lo que va a pagar.
- La que ves tú, Hacienda y tu contabilidad: los mismos importes convertidos a euros.
La segunda es la que manda. La base imponible, la cuota y el importe total que se registran y se sellan van en euros, convertidos al tipo de cambio correspondiente antes de sellar. Los importes en divisa son presentación: sirven para el PDF y para que el cliente entienda su factura, y no entran en la huella ni en ningún modelo.
Esto tiene una consecuencia que descoloca la primera vez: el total en euros de tu factura no lo decide el banco cuando cobras. Lo decide el tipo de cambio del día en que se devenga la operación. Si cobras tres semanas después y el cambio ha bajado, la diferencia es un resultado financiero, no una corrección de la factura.
Qué tipo de cambio se aplica
La regla general es el tipo de cambio vigente en el momento del devengo. En la práctica, el tipo que casi todo el mundo usa es el de referencia que publica el Banco Central Europeo, por dos motivos: es público, es diario y es el mismo que va a mirar quien te revise.
Dos precisiones prácticas:
- No es el tipo que te da tu banco. El de tu banco lleva su margen. Es una diferencia real y contabilizable, pero no es el tipo con el que se declara la operación.
- No hay tipo de fin de semana. El feed diario no publica sábados, domingos ni festivos del sistema. Una factura con fecha de domingo tira del último publicado, y conviene ser consistente con el criterio y no ir cambiándolo.
Dónde aparecen los descuadres
Tres sitios, siempre los mismos:
En el trimestre. Si el sistema guarda solo el importe en divisa, cada cierre exige recalcular a mano. Y si cada persona aplica un tipo distinto, el libro deja de cuadrar consigo mismo.
En el cobro. Facturaste mil dólares y entraron ochocientos noventa euros; en la factura pusiste novecientos diez. Esa diferencia tiene su cuenta contable y no se arregla editando la factura, que además está sellada y es inmutable. Las cuentas donde va a parar están en el plan contable.
En las comisiones. La transferencia internacional se come una parte. Si no pactaste quién la asume, el cliente pagará la factura entera y a ti te llegará menos. Es la conversación que hay que tener antes, y está en facturar a clientes extranjeros.
Qué hace Zeva, hasta el último decimal
Al crear una factura eliges moneda. Por defecto, euro: todo funciona como siempre y no hay ni conversión ni rastro de divisa. En cuanto eliges otra:
El tipo de cambio pasa a ser obligatorio. No hay emisión en divisa sin tipo. Es un guardarraíl duro: el sistema rechaza sellar una factura en moneda extranjera sin un tipo válido mayor que cero. Nunca se inventa un tipo por defecto.
Zeva te sugiere el tipo del día del Banco Central Europeo. Consulta el feed público, lo invierte al sentido que necesitas —cuántos euros vale una unidad de tu divisa— y te lo enseña con la fecha de publicación. Es una sugerencia: aparece rellena y tú la confirmas o la cambias.
Y si el BCE no responde, no pasa nada. La consulta tiene un timeout corto y está construida para fallar en silencio: si hay red caída, un error o una respuesta ilegible, verás un aviso sutil y el campo del tipo esperándote para que lo teclees. Emitir una factura no puede depender de que un servicio externo esté vivo. Si la moneda que has elegido no cotiza en el feed diario, te lo dice también.
La conversión es aritmética exacta. El tipo se guarda con seis decimales, la multiplicación se hace con enteros grandes para no perder precisión y el redondeo al céntimo de euro es el mismo criterio que ya usa el cálculo de la cuota de IVA. Para el euro la conversión es la identidad exacta: una factura en euros sella byte a byte la misma huella que sellaba antes de que existiera la multidivisa. Eso está probado, no supuesto.
El PDF sale en la moneda del cliente y el desglose de pantalla te enseña a la vez el total en divisa y su equivalente en euros, para que veas lo que se va a sellar antes de emitir.
Ahora las fronteras, que son cuatro y se cuentan rápido:
- El desplegable ofrece diez monedas —euro, dólar, libra, franco suizo, yen, dólar canadiense, peso mexicano, coronas sueca y noruega, esloti—. El servidor acepta cualquier código de tres letras válido; el desplegable, esas diez.
- Los importes en divisa se manejan con dos decimales, como el euro. Para monedas sin subunidad es una convención que conviene tener presente al conciliar.
- El tipo no se aplica solo. Se sugiere y se confirma, factura a factura. No hay una tabla de tipos histórica que se rellene sola cada mañana.
- Los pedidos importados de tu tienda online se guardan en la moneda de la tienda, sin convertir. Un pedido no es un documento fiscal, así que no se le aplica la regla del euro; la conversión ocurre al facturar.
El resto de lo que hace la emisión está en la facturación de Zeva, y los campos obligatorios del documento en qué datos lleva una factura completa.
Un apunte sobre las rectificativas
Si tienes que rectificar una factura emitida en divisa, hay algo que conviene saber antes: en Zeva la rectificativa se precarga con las líneas de la original en euros, que es la moneda con la que quedó registrada.
Es coherente —la verdad fiscal de aquella factura era esa, y rectificar es corregir la operación que se devengó, no aplicarle el cambio de hoy—, pero tiene una consecuencia práctica: el documento que le llega a tu cliente extranjero sale en euros, no en su divisa. Si eso le descoloca, la explicación cabe en una línea del correo, y evita una llamada.
Errores que se repiten
- Guardar solo el importe en divisa y recalcular a euros cada trimestre, distinto cada vez.
- Usar el tipo de cambio del banco en vez del de referencia, y arrastrar su margen al libro.
- Aplicar el tipo del día del cobro en vez del del devengo.
- Editar la factura para cuadrar la diferencia de cambio, que va por su propia cuenta.
- No pactar quién paga las comisiones de la transferencia internacional.
- Cambiar de criterio de tipo a mitad de ejercicio, sin dejarlo escrito en ningún sitio.
Antes de emitir en otra moneda
- ¿Está fijado el tipo de cambio y sabes de qué fecha es?
- ¿El total en euros que vas a sellar es el que esperabas?
- ¿Tu cliente sabe en qué moneda va a pagar, y quién asume las comisiones?
- ¿Tienes decidido dónde contabilizas las diferencias de cambio?
- Si rectificas, ¿estás usando el tipo de la factura original?
Con esas cinco respuestas, la divisa deja de ser un problema y pasa a ser una columna más.
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