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La nómina explicada concepto a concepto
Publicado el 2026-09-03
Una nómina se lee de arriba abajo en tres bloques: lo que se gana, lo que se descuenta y lo que queda. Entender esa estructura convierte un papel intimidante en algo que se comprueba en dos minutos.
Bloque 1: los devengos, o lo que se gana
Es la parte de arriba, y no todo lo que aparece cotiza igual.
Salario base. El que fija el convenio o el contrato para tu categoría. Es el suelo, no el total.
Complementos salariales. Antigüedad, productividad, nocturnidad, peligrosidad, un plus por idiomas. Son salario a todos los efectos: cotizan y tributan.
Horas extraordinarias. Cotizan de forma específica y conviene que aparezcan como tales, no disfrazadas de complemento.
Pagas extra. O se cobran dos veces al año, o van prorrateadas repartidas en las doce mensualidades. Las dos formas son válidas; lo que no vale es que no aparezcan.
Percepciones no salariales. Dietas, kilometraje, indemnizaciones. No son salario: hasta ciertos límites no cotizan ni tributan. Por encima de esos límites, sí — y ahí está el error más caro de la nómina, porque disfrazar salario de dieta es exactamente lo que la Inspección busca.
Bloque 2: las deducciones, o lo que se descuenta
Aquí hay dos cosas muy distintas que se confunden:
Cotizaciones a la Seguridad Social del trabajador. Contingencias comunes, desempleo, formación profesional. Son un porcentaje de la base de cotización.
Retención de IRPF. No es un impuesto: es un adelanto a cuenta de la declaración de la renta. Si te retienen de más, te devuelven; si de menos, pagas. Por eso el porcentaje depende de tu situación personal —hijos, discapacidad, tipo de contrato— y por eso hay que comunicarla.
Otros descuentos. Anticipos, embargos, cuota sindical. Deben aparecer identificados.
La confusión entre los dos primeros es la que hace que alguien diga «me quitan mucho». Lo que descuenta la Seguridad Social se va y no vuelve; lo que se retiene de IRPF es dinero tuyo adelantado a Hacienda.
Bloque 3: el líquido, y por qué el bruto engaña
Neto = devengos − deducciones. Es lo que llega a la cuenta.
Y aquí está el malentendido más común en las dos direcciones:
- Para quien cobra: el bruto anual no es lo que va a ingresar. Entre cotizaciones y retención, la diferencia es sustancial.
- Para quien paga: el bruto tampoco es lo que le cuesta. Hay que sumarle las cotizaciones a cargo de la empresa, que son un porcentaje adicional sobre la base y no aparecen en la nómina del trabajador —aparecen en el recibo de liquidación de la empresa—.
Es decir: de un mismo puesto salen tres cifras distintas, y las tres son correctas según quién pregunte.
Cómo comprobar que una nómina está bien
Sin ser experto, cuatro comprobaciones cazan casi todo:
- ¿El salario base coincide con tu convenio y categoría? Es lo primero que se desajusta tras una subida de convenio.
- ¿Las pagas extra están, prorrateadas o no? Si no aparecen por ningún lado, falta algo.
- ¿El porcentaje de retención se parece al del año pasado? Un salto grande sin causa —cambio de contrato, de situación familiar— merece una pregunta.
- ¿Las dietas son dietas de verdad? Si tu «dieta» es fija todos los meses y no viajas, no es una dieta.
Qué hace Zeva, y qué no
Con la frontera por delante, porque aquí se promete mucho de más: Zeva no calcula la nómina. No calcula cotizaciones a la Seguridad Social, ni retenciones de IRPF, ni aplica convenios colectivos. Ese cálculo lo hace tu gestor laboral, y lo hace mejor: un convenio mal aplicado es un problema serio y exige responsabilidad profesional colegiada.
Lo que sí hace es tener ordenado todo lo que ese cálculo necesita: la ficha de cada persona con su categoría, tipo de contrato y salario bruto anual; las ausencias y vacaciones aprobadas; el registro de jornada del mes; y una exportación mensual en CSV que tu gestoría abre directamente.
La diferencia práctica es la de siempre: en vez de reconstruir a final de mes quién faltó, quién hizo horas y quién cambió de categoría, sale de donde ya estaba anotado.
Qué hay que tener listo antes de contratar está en contratar a tu primer empleado; el trámite del alta, en el alta en Seguridad Social; y lo que cubre el módulo, en nóminas y RRHH.
Las dos partes de la nómina que casi nadie mira
Al final del documento hay dos bloques que se saltan siempre y que son los que de verdad explican el número:
Las bases de cotización. No coinciden con el salario base ni con el bruto: son el importe sobre el que se calculan las cotizaciones, e incluyen la prorrata de las pagas extra aunque las cobres en junio y diciembre. Si te preguntas por qué te descuentan lo mismo en un mes con paga y en uno sin ella, la respuesta está ahí.
Y tienen tope: por encima de la base máxima, ganar más no aumenta lo que cotizas — ni lo que después cobrarás de prestación. Es el motivo de que dos sueldos muy distintos puedan tener descuentos parecidos en términos absolutos.
El periodo de liquidación. Las fechas que cubre esa nómina. Parece trivial hasta que alguien empieza o termina a mitad de mes: entonces el importe no es el habitual, y no hay error — está prorrateado por días.
Mirar esos dos campos resuelve la mayoría de las preguntas del tipo «este mes me han pagado menos» sin necesidad de llamar a nadie.
Errores que se repiten
- Confundir cotización con retención. Una se va; la otra es tuya, adelantada.
- Disfrazar salario de dieta. Es lo primero que mira una inspección.
- No comunicar un cambio familiar. La retención se queda mal todo el año.
- Pensar que el bruto es el coste. Faltan las cotizaciones de empresa.
- Horas extra como «complemento». Cotizan distinto y deben verse.
Cada mes, en dos minutos
- ¿El salario base sigue siendo el del convenio vigente?
- ¿Aparecen las pagas extra de alguna de las dos formas?
- ¿La retención ha cambiado sin que haya cambiado nada en tu vida?
- ¿Los conceptos no salariales corresponden a algo real?
Una nómina bien leída una vez al año evita el noventa por ciento de las sorpresas. Y la sorpresa más cara siempre llega en junio, con la declaración.
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