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Proyectos que sabes si te dejan dinero

Casi cualquier programa te dice cuánto has facturado en un proyecto. La pregunta que decide si aceptas el siguiente encargo es otra: cuánto te ha costado. Zeva calcula esa resta con lo que el proyecto ha consumido de verdad.

Rentabilidad contra el consumo real

Cada proyecto lleva su rentabilidad calculada contra las horas imputadas y los gastos vinculados a él, no contra una estimación. Es la diferencia entre saber que ganas poco y saber por qué: dos encargos con el mismo margen pueden estar diciendo cosas contrarias —uno de precio, otro de ejecución— y solo el detalle los distingue.

Horas por persona, sin apuntarlas dos veces

Las horas salen del control horario que tu equipo ya usa: lo que se ficha alimenta el coste del proyecto, sin que nadie tenga que rellenar un parte aparte a final de mes de memoria. Ves cuánto ha dedicado cada persona y a qué.

Coste por hora interno, que no es el sueldo

Cada empleado puede llevar un coste por hora pensado para costear, no para valorar a nadie: no tiene relación con lo que cobra ni con lo que se le factura al cliente. Es lo que hace que el margen sea un número y no una impresión.

Evolución económica, no solo el resultado final

Puedes ver cómo se ha comportado el proyecto periodo a periodo, no únicamente dónde ha acabado. Calcular la rentabilidad al cerrar es información verdadera que llega tarde: cuando lo sabes, ya no puedes renegociar el alcance ni avisar de que lo pedido se sale de lo acordado.

Hitos, equipo y plantillas

Hitos para marcar las entregas comprometidas, miembros con su papel en el proyecto, y plantillas para no montar desde cero los encargos que se repiten. Lo que se factura contra el proyecto queda trazado, así que sabes qué queda por facturar sin cruzarlo a mano.

Los costes que se escapan del cálculo

Hay tres que casi siempre faltan y son los que convierten un margen bueno en uno inexistente. Las horas de las personas, que no llegan con una factura y por eso nadie las suma. Lo que se compró específicamente para el encargo —materiales, subcontratas, licencias—, que sí llega con factura pero acaba en el saco general de gastos si no se vincula al proyecto. Y el trabajo posterior a la entrega: las revisiones y ajustes de las semanas siguientes, que se hacen por buena relación y consumen horas reales que nadie apunta.

Vincular gastos y horas al proyecto desde el principio es lo que evita el caso más engañoso de todos: el encargo que sale rentable porque alguien echó horas que no imputó. Ese margen es ficticio, y el precio que se fije a partir de él arrastra el error a todos los proyectos siguientes.

Facturar por hitos sin perder el hilo

Cuando un proyecto se factura por entregas parciales, el riesgo no es facturar de más: es dejarse algo sin facturar. La trazabilidad de lo emitido contra el proyecto responde a la pregunta que importa al cerrar el mes —qué queda pendiente— sin cruzar listados a mano ni fiarlo a que alguien se acuerde.

Qué no incluye

No es una herramienta de planificación de recursos: no hay diagrama de Gantt con dependencias entre tareas ni asignación de capacidad por persona. Zeva sigue lo que un proyecto consume y lo que deja; planificar la carga del equipo sigue siendo cosa de otra herramienta o de tu criterio.

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