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Factura simplificada: cuándo vale un ticket

Publicado el 2026-08-07

«Ticket» y «factura simplificada» se usan como sinónimos, y no lo son del todo: el ticket es como llamamos al papel, y la factura simplificada es la figura que la ley reconoce. Saber cuándo puedes usarla —y cuándo no— evita el problema clásico de que un cliente te pida después «la factura de verdad».

Los dos límites

Lo fija el artículo 4 del Real Decreto 1619/2012, el reglamento de las obligaciones de facturación. Hay dos supuestos, y se confunden a menudo.

El general: 400 euros. Puedes cumplir la obligación de facturar emitiendo una factura simplificada cuando el importe no exceda de 400 euros, IVA incluido. Ese límite vale para cualquier actividad. El mismo apartado añade otro supuesto que sorprende: también cuando deba expedirse una factura rectificativa.

El ampliado: 3.000 euros. Para determinadas operaciones el límite sube a 3.000 euros, IVA incluido. Entre ellas están las ventas al por menor —incluidas las que hace el propio fabricante o elaborador—, y el reglamento enumera a continuación el resto de supuestos: hostelería, transporte de personas, peluquería, aparcamiento, tintorerías y varios más.

La confusión habitual es aplicar el límite de 3.000 a cualquier venta. No: si tu actividad no está en esa lista, tu techo es 400 euros.

Y en los dos casos el importe se mira con el IVA incluido, no sobre la base. Una venta de 350 € más IVA ya se ha ido por encima de los 400.

Qué lleva una factura simplificada

Menos datos que una completa, pero no cualquier cosa. Tiene que identificar al emisor con su NIF, llevar número y serie, fecha, la descripción de lo vendido, el tipo de IVA aplicado y el total. Lo que no exige, y es la diferencia práctica, son los datos del destinatario.

Ahí está el matiz que más se pasa por alto: si el cliente necesita deducirse ese gasto o esa cuota de IVA, va a necesitar que la factura le identifique. Puede pedirte que se los incluyas, y entonces tienes una factura simplificada con identificación del destinatario, que sigue siendo simplificada pero ya sirve para que él la deduzca.

Cuándo NO puedes usarla

Aunque no llegues a los límites, hay operaciones que exigen factura completa. Las más frecuentes en la práctica:

Ese último punto es el que más discusiones genera en mostrador, y la respuesta es sencilla: si te la pide para deducirse, no puedes negarte alegando que es un ticket.

Y esto qué tiene que ver con Verifactu

Todo. Una factura simplificada es una factura: entra en el sistema de facturación con su numeración correlativa sin huecos y su registro. No es un papel informal al margen del circuito.

Dicho de otro modo: emitir tickets no te saca del alcance de la norma. Si tu actividad es mayoritariamente de mostrador, tu volumen de registros será mayor, no menor. Qué exige exactamente el reglamento está en Verifactu.

El error que más caro sale: la serie

Hay una decisión que se toma el primer día y que luego cuesta deshacer: si los tickets van en su propia serie o comparten la de las facturas.

Llevarlos en una serie aparte es lo habitual y lo razonable cuando el volumen de mostrador es alto: separa el flujo de caja del de facturación a empresas y hace legible el libro de IVA. Pero elijas lo que elijas, la numeración de cada serie tiene que ser correlativa y sin huecos, y esa es la parte que un cuaderno o una hoja de cálculo no aguantan.

El fallo típico no es teórico: se emite un ticket, se anula «rompiendo el papel» y se reutiliza el número para la siguiente venta. Eso deja la serie cuadrada a la vista y rota por debajo. Una factura anulada conserva su número para siempre; el hueco que deja es correcto y esperado, y reasignarlo es justo lo que la norma persigue impedir.

Si además vendes por otros canales —una tienda online, presupuestos que acaban en factura—, decidir el mapa de series antes de empezar ahorra un cierre de ejercicio muy incómodo.

Qué hace Zeva

El TPV de Zeva cierra la venta registrando el cobro en efectivo o con tarjeta, y esa venta sigue el mismo circuito que cualquier otra factura: numeración, huella encadenada y QR de cotejo. No hay una «vía rápida» que se salte el registro, porque esa vía rápida es exactamente lo que la norma persigue.

También cubre la devolución de un ticket, con su reposición de stock, en vez de dejarte arreglarlo con un apunte manual.

Lo que sigue fuera: el datáfono físico integrado. Zeva registra que el cobro fue con tarjeta, pero no comunica con el terminal de tu banco; esa integración depende de una cuenta de comercio y es una pieza aparte. Lo que cubre el módulo está en TPV, cómo se numera y se sella cada documento en facturación, y el detalle de la huella encadenada en la primera factura Verifactu.

El ticket que se convierte en factura

Sucede a diario en mostrador: alguien paga, se lleva su ticket y a los tres días vuelve pidiendo «la factura con mis datos» porque su asesoría se la ha reclamado.

Eso no se resuelve emitiendo una factura nueva por la misma venta. Hacerlo duplicaría el ingreso: la operación quedaría contada dos veces, una en el ticket y otra en la factura, y el libro de IVA reflejaría un importe que nunca se cobró. Es un descuadre que aparece puntualmente en el trimestre y cuesta mucho localizar después.

La forma correcta pasa por rectificar: la venta original se anula o se rectifica, y la nueva factura sustituye a la anterior dejando el rastro de que lo hace. Por eso el reglamento contempla expresamente la rectificativa entre los supuestos de factura simplificada.

La consecuencia práctica es sencilla y conviene tenerla decidida de antemano: si tu clientela es mayoritariamente de empresa, pedir los datos fiscales en el momento de la venta cuesta diez segundos y evita el trabajo doble.

Antes de decidir si emites ticket o factura

La regla que menos disgustos da es la más simple: ante la duda, factura completa. Sobra información, pero nunca falta.

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