Blog · contabilidad
Amortizaciones para no contables
Publicado el 2026-09-30
Compras una furgoneta de 24.000 € y no puedes deducirte 24.000 € este año. Suena injusto y es consecuencia de una idea sencilla: la furgoneta no se ha gastado, se ha convertido en otra cosa que todavía tienes.
Qué es amortizar, en una frase
Repartir el coste de algo que va a durar años entre los años que dura.
El razonamiento contable es este: cuando pagas la luz, ese dinero se ha consumido. Cuando compras una furgoneta, no lo has consumido — has cambiado dinero por un bien. Lo que sí se consume, poco a poco, es su valor: cada año vale menos por uso y por desgaste.
Ese desgaste anual es el gasto. Eso es la amortización.
Qué se amortiza y qué no
Se amortiza lo que dura más de un ejercicio y pierde valor con el uso: vehículos, maquinaria, ordenadores, mobiliario, instalaciones, construcciones.
No se amortiza:
- El terreno. No se desgasta. Por eso, al comprar un local, hay que separar el valor del suelo del de la construcción: solo la construcción se amortiza.
- Lo que se consume en el ejercicio. El material de oficina es gasto directo.
- Lo de importe reducido. Hay simplificaciones para importes pequeños que permiten deducirlos directamente — el umbral depende de tu régimen, así que confírmalo con tu asesor.
Cómo se calcula, con números
La fórmula del método más común, el lineal:
Cuota anual = (valor de adquisición − valor residual) / años de vida útil
Con la furgoneta: 24.000 € de coste, un valor residual estimado de 4.000 € y 8 años de vida útil.
- Base amortizable: 24.000 − 4.000 = 20.000 €
- Cuota anual: 20.000 / 8 = 2.500 €
Cada año te deduces 2.500 €, durante ocho años. Y el primer año se prorratea según la fecha en que el bien entró en funcionamiento: si empezó a usarse en octubre, ese año no van los 2.500 € enteros.
Los años de vida útil no te los inventas: hay tablas oficiales con coeficientes por tipo de elemento, con un máximo y un mínimo entre los que puedes moverte.
El valor residual, que casi siempre es cero
Es lo que crees que valdrá al final de su vida útil. En la práctica, para la mayoría de bienes de una pyme —un ordenador, una estantería, una instalación— se pone cero, porque al final de su vida útil no valen nada.
Ponerlo distinto de cero solo tiene sentido cuando de verdad esperas venderlo por algo: un vehículo industrial, maquinaria con mercado de segunda mano.
Por qué importa aunque «lo lleve el asesor»
Tres decisiones tuyas dependen de entender esto:
El resultado del año en que compras. Si contabilizas una compra grande como gasto directo, ese mes o trimestre sale falseado — y con él el margen sobre el que decides.
La caja no es el gasto. Pagas 24.000 € en enero y te deduces 2.500 €. La diferencia entre salida de caja y gasto deducible es lo que sorprende cada año a quien no lo tiene presente.
Vender el bien tiene consecuencias. Si lo vendes antes de amortizarlo del todo, la diferencia entre lo que te dan y lo que queda pendiente genera un beneficio o una pérdida que tributa.
Qué hace Zeva
El inmovilizado es un módulo propio: das de alta el bien con su descripción, su referencia, su fecha de puesta en servicio, su valor de adquisición y su valor residual, y el sistema genera el cuadro de amortización.
Cuatro detalles del diseño:
El cuadro arranca en el mes de la fecha de alta, no en enero. Es lo correcto: un bien que entra en servicio en octubre no se amortiza doce meses ese año.
La base amortizable es valor de adquisición menos valor residual, con el residual a cero por defecto — que es el caso de la inmensa mayoría.
Las tres cuentas contables las eliges tú del plan de tu propia empresa: la del activo, la de amortización acumulada y la de dotación. El sistema no impone un plan de cuentas ajeno al tuyo.
Un bien dado de baja ya no admite más dotaciones. Cuando se enajena o se da de baja, deja de generar cuota — el estado del bien gobierna lo que se puede hacer con él, en vez de depender de que alguien se acuerde de parar.
Y la frontera, dicha: el método soportado es el lineal. Los métodos degresivos —de números dígitos o de porcentaje constante— no están. Para la práctica totalidad de las pymes el lineal es el que se usa; si tu caso necesita otro, hoy no está cubierto y conviene saberlo antes.
Cómo distinguir un gasto de una inversión al clasificar está en gastos: cómo clasificarlos bien; qué pasa con el vehículo, que es el bien que más dudas genera, en gastos de vehículo: el clásico lío; y lo que cubre el módulo, en contabilidad y gastos.
La libertad de amortización, que conviene conocer
Existen regímenes que permiten amortizar más rápido de lo que dirían las tablas —o incluso de golpe— en supuestos concretos: empresas de reducida dimensión, inversiones que generan empleo, determinados bienes.
No es una decisión menor: adelantar la deducción reduce el impuesto de este año y lo aumenta en los siguientes, porque el total amortizable no cambia. Es un asunto de tesorería, no de ahorro absoluto.
Y es exactamente el tipo de decisión que merece una conversación con tu asesor antes de cerrar el ejercicio, no después.
Errores que se repiten
- Deducir una inversión entera el año de la compra.
- Amortizar el terreno. No se desgasta.
- Empezar el cuadro en enero cuando el bien entró en servicio en octubre.
- Poner un valor residual optimista para reducir la base.
- Olvidar dar de baja un bien vendido o desguazado.
- Confundir la salida de caja con el gasto del ejercicio.
Antes de cerrar el ejercicio
- ¿Hay compras grandes contabilizadas como gasto directo que deberían amortizarse?
- ¿Algún bien vendido o retirado sigue generando cuota?
- Si compraste un local, ¿separaste suelo y construcción?
- ¿Las fechas de alta son las de puesta en servicio, o las de la factura?
Esa última se falla más de lo que parece: la factura puede ser de agosto y el bien no haber entrado en funcionamiento hasta noviembre. El cuadro se cuenta desde que se usa.
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