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Alta de autónomo: los pasos reales

Publicado el 2026-08-18

Darse de alta como autónomo son dos trámites, no diez. Lo que complica el proceso no es la burocracia en sí: es hacerlos en el orden equivocado, o llegar sin uno de los datos que te van a pedir y tener que salirse a buscarlo.

Dos altas, y no son la misma

La confusión más habitual es pensar que hay un único «alta de autónomo». Son dos, en organismos distintos y con efectos distintos:

El alta censal, en Hacienda. Le dices a la Agencia Tributaria que vas a ejercer una actividad económica: cuál es, dónde, y qué obligaciones fiscales te corresponden. Se hace con el modelo 036 o con su versión reducida, el 037.

El alta en el RETA, en la Seguridad Social. Es la que te convierte en cotizante y te da cobertura: baja por enfermedad, jubilación, prestación por cese de actividad.

Puedes estar dado de alta en una y no en la otra, y eso es justo lo que produce los sustos. Solo en Hacienda significa que declaras impuestos pero no cotizas ni tienes cobertura. Solo en la Seguridad Social significa que pagas cuota por una actividad que fiscalmente no existe.

El orden importa: Hacienda primero

Primero el censo, después el RETA. El motivo es práctico: al darte de alta en la Seguridad Social te van a preguntar por la actividad que has declarado, y si todavía no la has declarado no tienes qué contestar.

Hay un detalle de calendario que conviene entender antes de elegir el día. El alta en el RETA puede solicitarse con antelación, y la cuota del mes en que te das de alta se prorratea desde el día efectivo. Es decir: darte de alta el día 28 no te cuesta el mes entero. Eso deja margen para no forzar la fecha por miedo a pagar de más.

Lo que sí conviene es que la fecha de inicio de actividad que declaras en Hacienda y la del RETA sean coherentes. Declarar que empiezas el 1 de septiembre y darte de alta en el RETA el 15 abre una ventana de dos semanas facturando sin cotizar, y esa incoherencia se ve.

Qué te van a pedir, para tenerlo delante

Antes de abrir el formulario, ten a mano:

El epígrafe es donde más gente se atasca, porque de él dependen cosas que se notan después: si tu actividad lleva retención, si estás en un régimen especial de IVA, si tienes obligación de presentar determinados modelos. Elegirlo a ojo porque «suena parecido» es la decisión que más se arrepiente a los seis meses.

Los errores que obligan a repetir

Elegir mal el epígrafe. Cambiarlo después se puede, pero implica una declaración de modificación y, si ha cambiado tu tributación, ajustar lo ya presentado.

Olvidar marcar la obligación de presentar el modelo trimestral que te toque. El censo no es solo «me doy de alta»: es donde declaras qué vas a presentar. Si no lo marcas, Hacienda no te lo espera, y cuando lo detecte tendrás que regularizar.

Darse de alta cuando ya llevas facturando un mes. Es más común de lo que parece: se empieza con un encargo pequeño «a ver si sale» y luego hay que justificar facturas anteriores al alta.

No comprobar si tienes derecho a la cuota reducida. Hay bonificaciones para quien empieza, con requisitos que dependen de tu situación previa, y no se aplican solas en todos los casos. Preguntarlo cuesta cinco minutos.

Dar una cuenta bancaria que no es tuya. La domiciliación tiene que salir de una cuenta de la que seas titular; parece obvio y es motivo frecuente de devolución.

Y al día siguiente, ¿qué?

Aquí es donde el trámite deja de ser trámite y empieza el trabajo real, que es el que casi nadie te explica el primer día.

Vas a tener que emitir facturas con una numeración correlativa, sin huecos y sin repetir. Vas a tener que guardar lo que te facturen a ti, porque es lo que te desgrava. Y vas a tener que presentar trimestralmente lo que te corresponda según lo que marcaste en el censo.

Nada de eso es difícil por separado. Lo que cuesta es sostenerlo cuando llevas cuatro meses, has emitido treinta facturas, tienes un cajón con tickets y llega el día 18 del mes que toca presentar.

La decisión que más tiempo ahorra es la más aburrida: decidir el primer día dónde van a vivir tus facturas, y que sea un sitio del que puedas sacarlas ordenadas. Una carpeta con PDF numerados a mano funciona los tres primeros meses y deja de funcionar exactamente cuando más ocupado estás.

Qué parte de esto resuelve un programa

Conviene ser preciso, porque aquí se promete mucho de más.

Lo que ningún software hace por ti: darte de alta. El censo y el RETA los presentas tú o tu asesoría, con tu certificado. Quien te diga que te tramita el alta te está diciendo que alguien lo hará en tu nombre, no que se haga solo.

Lo que sí resuelve, desde la primera factura: la numeración correlativa sin huecos, los datos fiscales del cliente comprobados antes de emitir, el archivo de lo emitido y lo recibido, y el cálculo de lo que llevas acumulado del trimestre para que el día 18 no sea una sorpresa. Cómo se numera y qué lleva cada documento está en facturación, y el trámite censal que acabas de hacer, con sus plazos, en modelo 036.

Si empiezas ahora, hay una obligación que conviene mirar de reojo desde el principio: los requisitos que debe cumplir el programa con el que factures. Está explicado sin siglas en qué es Verifactu.

Antes de dar el paso

El alta se hace en una mañana. Lo que decide si el primer año va bien o mal no es esa mañana: es haber dejado montado, desde la primera factura, un sitio del que salgan los números sin reconstruirlos.

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